El que baila con el violín: Münster, primera parada del verano
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El concierto no fue solo la apertura de la gira. La Halle Münsterland celebra este año sus 100 años, y esta actuación se sumó también a las celebraciones del aniversario — un escenario apropiado para una gira que empieza con un latido.
La reseña captura el momento inicial con una preciosa precisión. La sala, sentada, se oscurece. Una visualización de un latido en la pantalla. Boom, boom… crece en volumen. Una voz grave desde la oscuridad: “Señoras y señores, bienvenidos a la gira Millennium Symphony…” El riff de Seven Nation Army emerge de la neblina roja. Y entonces, la silueta.
Lo que Otman señala con llaneza, con una honestidad admirable, es la tensión que habita cualquier noche de apertura de Garrett: una sala sentada, un público que es en parte fan entregado y en parte invitado al cumpleaños, un hombre en el escenario cuya cercanía nunca ha sido el punto. Durante las primeras canciones, la sala contiene el aliento más que atraparlo.
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Entonces: Avicii. La reseña lo dice sin rodeos — en Wake Me Up, el público se pone de pie, colectivamente. Y cuando el anuncio de Mein Herz brennt de Rammstein recorre las filas, sigue un murmullo sonoro. Ese es el punto de inflexión. El aplauso más fuerte de la noche, aún antes del intermedio.
Tras la pausa, todo se acelera. Shape of You. Blinding Lights. Survivor. Russian Roulette, reconfigurada dramáticamente para un solo violín. Smooth Criminal a velocidad vertiginosa. Una versión rock de la Quinta de Beethoven — y, cuando aparecen en la pantalla fotografías de un Garrett de cuatro años, algo se desplaza.
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El bis, sin embargo, es lo que ninguna reseña ve venir. Viva la vida de Coldplay cierra el show. Y entonces Garrett habla — “Eigentlich mache ich sowas nie…” (“Normalmente nunca hago algo así…”) — y toca Happy Birthday para las paredes de una sala que este año cumple cien. Un gesto pequeño y generoso en una noche por lo demás dedicada a una sola cosa.
Esa misión sostuvo la velada entera. Pero el bis — esa pequeña canción para el cumpleaños de un edificio — es donde vive esa otra cosa a la que seguimos volviendo. El detalle que lo hace personal, y real, y nuestro para recordar.
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La reseña completa, con fotografías de Thomas Hölscher, está disponible (en alemán) en Alles Münster. Ve a leerla. Está bellamente escrita.