Cristian Fatu
A los nueve o diez años tocaba el concierto de Bériot, como lo tocaban todos los estudiantes de violín en Rumanía. El pasado julio, en una iglesia de Saanen, alguien le puso en las manos un violín que, le dijeron, había sido de Charles de Bériot — y tocó Morricone en él, y se lo dedicó a alguien a quien quiere.
Nació en Rumanía, se formó en Bucarest y en Colonia, y desde 2019 vive en Los Ángeles: enseña en el condado de Orange, graba bandas sonoras en Capitol, Fox y Warner Brothers, toca con la Pacific Symphony y para el LA Ballet. Antes de eso: cuatro años al frente del Montclaire String Quartet en Virginia Occidental y el estreno de un concierto para violín en el Kennedy Center. Toca dos violines modernos, de 2018 y 2019, y cada verano se sienta con científicos y luthiers a desmontar instrumentos de cuerda. Un gran violín, dice, es un coche de Fórmula 1. No una reliquia: una herramienta.